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La confianza, esa maldita zalamera.

La muy deficiente va creando la falsa percepción de que puede anidar allí dónde más le plazca. Como una abeja libando de cada flor, lo mismo sucede con la confianza; se posa aquí y allá. Algún desagradable desconocido se te acerca para preguntarte una calle y la distancia que tú consideras básica y necesaria se reduce a unos escasos centímetros entre tu cara y la suya; los desesperados por salir del metro directamente posan su mano contra tu hombro para apartarte (¿¡Perdona!?); la dependienta del herbolario (a la que no conoces de absolutamente nada) te dice que como ella no toma café a ti no te lo vende porque no es bueno; o el imbécil de turno que llama a tu trabajo a la una de la mañana y se cree un follador nato, te llama CARIÑO.

En fin sí, la confianza. Es curiosa ella, en circunstancias inusitadas de pronto sientes fuertes conexiones con desconocidos y hace que todo fluya sin tropiezos: las anécdotas, las confesiones, las risas… Y el mundo se vuelve sencillo por unas horas, contra todo pronóstico tu aberrante misantropía se disipa y te hace experimentar un tímido reflejo de una vida sin prejuicios. Pero es temporal, nosotros lo sabemos, y no tardamos en volver a nuestro huraño ser.

Soy una persona de distancias, lo que se conoce como “de género rancio”. No abrazo, no doy besos, no eres mi mejor amigo, es más, me apestas las dos primeras horas hasta que cazo al vuelo algún atisbo que me hace esconder la ponzoñosa garra. No me gustas, no me fío, NO CONFÍO EN TI. Incluso con el paso de los años las dos primeras premisas se mantienen. No toques, por qué tocas. Incluso aunque nos unan los años de amistad, hay una alta probabilidad de que si me abrazas me quede hecha un palo y ante la incertidumbre te dé unas palmaditas en la espalda. De modo que, si a gente que conozco y aprecio le marco las distancias…¡Oh bello desconocido! ¿Por qué mierda no te metes tus cortas distancias, tus deditos, tus opiniones y tus cariñosos vocablos por el puto jodido culo y me dejas vivir?

Sin embargo, esto me obliga a apuntillar que el hecho de que no dé confianzas (en plural) no implica necesariamente que no sea una persona de confianza (en singular), porque son cosas muy distintas. Traducido al esperanto, si invades mi espacio vital venderé tus genitales en el mercado negro para que con ellos se hagan babuchas pero guardaré un secreto con mi vida si me lo pides. Así que…

Trust in me…

 

 

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