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Soy muy conocida por mis devaneos con la locura. No sé bien cómo sucede pero siempre tengo una historia que contar sobre un loco que se me ha acercado y me ha susurrado porquerías al oído o similares. ¿Qué será? Claramente hay algo de mí que atrae al alienado mental.  Sin embargo, este es otro capítulo, donde quiero llegar es que “gracias” a estos encontronazos que me ofrece esta vida perra, he desarrollado un ojo crítico que todo lo ve.

Un ojo para lo cual todo es perturbadoramente repugnante. Al principio, para mí todo es mierda, diarreica y hedionda mierda. Todo me saca de quicio, me incomoda o me parece escalofriante. Vale, no todo, soy muy exagerada. Pero sí una gran parte. Y algo que me genera mucho rechazo es el Eros, esa energía pasional descontrolada que se esparce como esporas primaverales.

Todo empieza con un short demasiado corto, las nalgas asoman curiosas por las aperturas del pantaloncito -allá por donde se supone que debería haber tela-. La chica, de buen ver, se gira con un golpe de su citrina melena alisada con planchas ghd, dejando intuir sus facciones suaves y tostadas; la inusual brisa veraniega mece sus cabellos mientras el minúsculo top deja entrever semejante poderío glandular. El atardecer tiñe de tonos anaranjados el cielo, bajo el cual se encuentra una fornida pareja del cuerpo policial, que entre esputos musita… “A esa me la follaba” mientras uno de ellos se pasa la mano por la entrepierna, apretando, marcando terreno, mostrando su tesoro bajo llave. A lo que yo digo: Qué-puto-asco.

No obstante, hasta el momento he sido ligerita. El verano acarrea muchas hormonas revoloteando, un incipiente mercadeo de carne humana mostrando su mejor género. ¿Pero qué pasa cuando dos tórridas almas se juntan? Besos apasionados se suceden uno detrás de otro, la pasión hace mella, el pálpito acelerado, la necesidad imparable de poseer y ser poseído… en el banco de espera del tren, a tu lado. Tu banda sonora es la saliva que se amasa en boca ajena y que con el verano ya avanzado, se transforma en una pomada blanquecina cuyo sonido atronaría a cualquiera con sensibilidad. La lengua que se pasea a sus anchas, los chupetones y los gemidos acicalados con la tos del pseudocatarro. BITCH, PLEASE!! TRES DE LA TARDE, TODO PETADO DE GENTE, OLA K ASE!?

No es que yo esté en contra de las muestras de cariño, estoy en contra de los pajilleros vestidos de uniforme ( o a secas) y en contra de todo aquel que no tiene una mínima de decoro. No quiero ver tus nalgas níveas dándome el pésame por mi atuendo de monja, no me place ver, sentir y casi palpar cómo de bien le comes la boca a tu ligue/novio/cosa; no me congratula que le palpen el parrús a cinco centímetros de mi cara a una tía en las escaleras mecánicas. NO, NO Y NO.

¡¡¡Todos a la horca!!!

cuerda-ejecucion

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