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Hace aproximadamente cuatro años decidí embarcarme en el mundo de la danza de forma definitiva. Siempre he tenido mis flirteos aquí y allá, ballet, flamenco, hip hop, funky y gym jazz. Con este último desarrollé un amor enfermizo por Michael Jackson que me hizo pedir los cassettes por Reyes y no había noche que no me acostara escuchando sus temazos. Escalofriante.

Nunca se me ha dado mal aunque todo lo que realmente quería aprender se escapaba de mis posibilidades por el sucio y repugnante dinero. Un día conocí a dos chicas que me mencionaron el tribal y a base de expiaciones nocturnas al Youtube descubrí lo que de verdad quería aprender. Lo típico fue empezar por la danza del vientre de toda la vida, las moneditas para arriba y para abajo dando por el puto culo, los trajes estrafalarios y la inutilidad de una ropa que se pudre bajo el colchón de la cama. Lo que me sienta peor es, que a día de hoy, después de haberme pateado mil veces Lavapiés en busca de imposibles, me doy cuenta de que me hicieron pagar ochenta euros por un traje que no lo valía. Divino.

Ese mismo verano tomé mis primeras clases de tribal y caí profundamente enamorada. Desde entonces no lo he dejado aunque he tenido mis más y mis menos, casi siempre por temas jodidos que me impidieron estar ahí al pie del cañón. Hospitales y autoestima, dos cosas que te arruinan la vida si no aprendes a encajar el golpe y digerirlo rapidito. Pero persistí. Y he tenido muchísima suerte con mis maestras, porque unas me han dado una muy buena base y otras me han ayudado a crecer con su apoyo y su esfuerzo.

En el trayecto me estoy dando cuenta de algo muy jodido. De hecho tengo muy claro el día que fue: 16 de Septiembre de 2012 en Braga, Portugal. Fui a un festival recóndito a ver a Corvus Corax y tuvimos la buena ventura de conocerles, ahí, en el lateral del escenario hablando con Wim me descubrí a mí misma pensando “Mama, quiero ser artista”. Y la jodimos. El segundo aviso indiscutible fue en el Tribal Art Festival de Barcelona. Cuatro días seguidos de clases, actuaciones y espectáculo, me sentía tan abrumada que sólo quería llorar porque sabía que tenía fin y yo quería vivir ese dinámica cada día. Dicen que a la tercera va la vencida, sólo puedo decir que tengo el esfínter constreñido.

El año pasado por estas fechas Fuga Daemonum, mi grupo de tribal, tenía sus primeros ensayos. Empezamos a crear “Rainmakers” con la versión más antigua de “Taranis” de un grupo al que venero llamado Omnia. Curramos y sudamos como cochinas, nos hemos gastado un dinerazo en vestuario pero puedo decir que lo hemos petado en cada actuación. Y es verdaderamente impresionante dejar tu piel de mundana mortal tras de ti para salir al escenario siendo una bestia pagana dispuesta a invocar la lluvia.

Han sido pequeñas conquistas, muy pequeñas. Diminutas semillas plantadas en una tierra que desconozco si es fértil. En plena vorágine de revelaciones me llegó la oportunidad de asentarme en la Central de Pole. Una escuela de Pole dance y telas aéreas que da cabida al bellydance y todas sus fusiones. Y aquí empieza mi batalla como solista, como ente tribalero acojonado agarrándose con uñas y dientes a la idea de que de aquí saco algo bueno. Y en ello andamos.

Finalmente, el viernes pasado organicé mi primera Hafla junto a Crystal Silmi, una bailarina impresionante, una maestra sin igual y una persona extraordinaria. Fue duro, perdí algo de pasta y me llevé unos cuantos agobiazos pero podemos decir que fue todo un éxito y lo pasamos en grande. La gente disfrutó, las bailarinas disfrutaron y yo me llevé a más de una amiga porque el haberme hecho más abierta y receptiva en este mundo de la farándula me está dando la oportunidad de conocer a gente maravillosa cuyo trabajo es más que respetable por el empeño y las ganas que le ponen. ¿Qué más se necesita?

Yo sólo sé que los días malos he bailado, en los días peores he bailado ( y han sido demasiados), en los días buenos he bailado y en los días mejores he bailado. Hasta ahora todo ha sido para mí y ha llegado la hora de descargar esa energía de cara a los demás. ¿Dónde me va a llevar? Lo desconozco pero habrá que intentarlo.

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