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Ayer bajé a la piscina por primera vez este año. Fui porque me parece una desfachatez por mi parte tener piscina en la urbanización en la que vivo y no aprovecharla; así que bajo, normalmente a deshoras para no toparme con nadie porque soy una mísera rancia. Sin embargo ayer, entre pitos y flautas bajé a medio día y me encontré con una fauna escultural que me dio miedo.

Es bien sabido por todos que el año se divide en 3 estaciones, y quien se crea que está dividido en 4 está muy pero que muy equivocado, me explico:

Primera estación: abarca desde la mitad de enero Enero a mediados de Junio. Mundialmente conocida como “Operación Bikini” la gente hace dieta, va al gym y se pone potentota. Quieren estar buenos, quieren ser deseados, admirados y elogiados por su deleitable cuerpo.

Segunda estación: Esta es la más corta. Abarca desde mitad de Junio a mitad de Septiembre. Mundialmente conocida como “Lucir Palmito time”. La gente lleva minúsculos bikinis suuuper a la moda, o bañadores tipo slip -que a la gente normal les sume en eternas pesadillas nocturnas increíblemente inquietante y a quién no, le causa poluciones brutales-.

Tercera estación: La más satisfactoria. De Mediados de Septiembre a mitad de Enero. Que yo por atajar la llamaría “Gorderío sin control” pero la cosa se torna así como “Bulímicos que ignoran serlo”.

Bien es cierto que esto no se le aplica a todo el mundo, pero ocurre y en proporciones masivas.

Y héme allí, con mi chicha desbordando el bikini viejo con la goma carcomida por el cloro. Sudando como un jodido gorrino a la luz del achicharrante solano, que más que Laudanum parecía Edward Cullen escupiendo protector solar por cada poro de mi piel pero eso sí, brillando como una jodida princesa envestida en joyas de inigualable valor. Los pelos mal depilados de mis barrocas ingles asomaban descarados y yo venga a tapar que no sabía cómo, aunque pensándolo bien ¡Por todos los Dioses nórdicos! si alguien se fijaba en aquella pelambrera era un put@ pervertid@.

Al fondo, el sol petulante bronceada pícaro a la juventud escultural, se posaba indecente en los abdominales bien marcados y en los escotes voluptuosos de los adolescentes de mi barrio que, aunque no llegan a la mayoría de edad, intuyo que más de una madre/padre/abuela/abuelo babea a escondidas por ellos. Y allí gozaban de su incipiente energía sexual, que ignoran que tienen pero como buenos brujos la usan de forma inconsciente. Pelota para arriba y para abajo y de pronto la insultante pavonería, la insolencia, la chafardería… Y LA PUTA TOCADA DE HUEVOS, JODER QUÉ PESADOS SON.

Y yo me preguntaba mientras me sudaba el puto bigote ¿Por qué mierda yo a su edad no era así de guapa? Pero qué coño ¡ni yo ni ninguno de mis amigos! ¿Qué cojones ha hecho esta sociedad con el canon de belleza? De aquí a 8 años todo esto se ha visto trastocado y hemos pasado de soñar, añorar y desear a ser ser SER esos pivones de portada. No creamos conciencias, creamos cuerpazos. Pero bueno, tampoco voy a ser así de injusta, es verdad que los hay afortunados que por genética son así de divinos y se acabó. PERO A MÍ NO ME ENGAÑAN JODER. No me engañan. De veinte adolescentes 3 tenían kilos de más, y ya podía leer en sus caras y en su mirada lo desgraciados que se sentían. “Oh joder, qué voy a hacer con mi vida…aquí, rodeado de estos modelos de ensueño y yo que cuando voy al cine prácticamente tengo que comprar dos entradas, una para mi puto culo y otra para el resto de mi cuerpo.”

Toda mi vida he vivido con mis complejos, aún hoy lo hago. Nuria, una amiga mía, me decía que bueno, que con la edad eso se pasa y todo te termina dando igual. Pero yo, que soy como soy, la verdad es que lo dudo mucho. Te da igual porque no te quedan más ovarios que sacarte la ropa y lucir michelo si te quieres poner morenita, pero si te pudieras poner como un jodido mojón sin quitártela a ver quién es el gordo valiente que se quita las prendas que esconden sus vergüenzas. Muy pocos, los que los tienen bien plantaos. Pero incluso ellos, en algún momento piensan: Cómo me gustaría ser como ellos. Los hay que dicen que querer es poder, que con una buena tabla en el gym y mucha fuerza de voluntad te puedes poner dura como una maldita roca… En fin, cualquiera que tenga algun pseudovigoréxico cerca habrá sufrido comentarios del tipo “¿Pero te vas a comer eso? ¿Sabes la grasa que tiene?” Los hay que a las comidas familiares incluso se llevan el tupper, y los batidos de proteínas porque JODER TENGO QUE ESTAR MACIZO. Me sorprende que toda esa presión social se haya extendido tanto al mundo masculino, algo que creía que no pasaría nunca de pronto me lo encuentro de golpe y porrazo en mi piscina, a la par que veo la parte antagónica del pobre desgraciado con kilos de más, aparato y cara de pocos amigos que se mete a la piscina cuando cree que nadie le mira y se sale en las mismas condiciones. Que deja preparada la camiseta para ponérsela en cuanto salga empapado como un idiota de vergüenza y agonía, para que no se le vean las magdalenas, las galletas y las hamburguesas. Que se sienta lejos del grupo para que no le vacilen.

Yo lo he vivido, porque siempre he creído que mis kilos de más -que los tengo y no son pocos- pesaban más que mi persona. A quién le va a importar que sea graciosa si estoy como una puta vaca, a quién le voy a gustar si primero llega mi culo y cinco minutos después llego yo, por qué me van a dar a mí el trabajo con este acné de mierda que no se va ni a los veintiséis. Naturalmente todo esto son gilipolleces, pero mierda, mañana estoy a dieta.

 

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Tara Lynn. Una modelo con curvas bien hermosas. Voy a por mis taconazos y mi triquini de firma y me bajo a la pisci pero ¡¡No sin mi bocata y mi cerveza!!

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