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Hace cuatro años más o menos, estaba cogiendo mi primer avión para marcharme  a los Países Bajos, común y erróneamente conocidos como “Holanda”. A día de hoy sigo sin saber muy bien si fue por esa cosa de que era mi primer viaje fuera de España o simplemente por lo que desprende el país, que caí estúpidamente enamorada. Desde entonces no hago más que jurarme a mí misma que intentaré vivir al menos un año de mi vida en sus calles, y no hago más que buscar becas y oportunidades para poder marcharme pero sin éxito.

El pretexto que nos llevó a Bea y a mí hasta allí fue el Castlefest, un festival de música folk, pagana, medieval y de más etiquetas extravagantes. Un festival que me reveló de forma inesperada gran parte de mi identidad y por la cual sigo luchando en comprender y expandir. Fue un viaje espectacular, vi por primera vez a Corvus Corax con todo un despliegue de medios, disfruté de nada más y nada menos que de tres conciertos de Omnia, me cagué en la puta madre que parió a Euzen, conocí a Valravn a día de hoy separados, Faun… en fin, logré ver en directo a la mayor parte de mis artistas fetiches que a día de hoy han marcado un clarísimo antes y después en mi vida por múltiples motivos.

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¡¡Una bella e inesperada llama en nuestro camino!!

Hay algo que siempre me sorprende de Holanda y es que SIEMPRE me ocurre algo maravilloso. El primer año tuvimos la suerte de poder alojarnos en “De Duif” un hotelazo que nos reservó una Junior Suit por un precio de risa. Nada más bajarnos del autobús que llegaba a Lisse, una adorable pareja holandesa se deshacía en intentos para ayudarnos a llegar al hotel, pese a que no hablaban una palabra de inglés. El segundo año tuvimos mala suerte con el alojamiento y acabamos en un NH a tomar por el orto, sin embargo estaba rodeado de bosque y por las noches, cuando estaba más húmedo por el frío y las lluvias intermitentes, aparecían ranas y caracoles de la nada. Ese año me puse mala, tuve fiebre y tuvimos que perdernos algunos conciertos… pero incluso con ello, las personas con las que nos topamos durante los trayectos fueron increíblemente amables. Nos encontramos un hombre en una parada que había estado viviendo Mallorca por un amor ya perdido, nos dio su pan orgánico que no le gustaba nada y subió con nosotras al bus, donde se puso a charlas con el conductor, el cual nos paró en la misma puerta del festival para que no tuviéramos que deshacer lo andado. Pequeños detalles. SAM_2050

El tercer año, para mí fue el mejor. Me rodeé de gente a la cual aprecio mucho, mi marrona, Lu, Bea…  Hacía unos nueve meses habíamos conocido a Corvus Corax en un festival de Portugal y eso nos llevó de cabeza a entrar al backstage después de su concierto como BerlinskiBeat y pudimos conocer personalmente a Omnia en su firma de discos. Ese año me reafirmaba a mí misma mis deseos de ser bailarina a toda costa. Además ese año disfruté del país como no lo había hecho antes, turismo libre de callejeo, de toparte con sitios curiosos, de bares con música en vivo que te catapultan a Alabama o a Nueva Orleans, qué sé yo, y te dejan exhausta pero feliz. Conocimos a gente magnífica en Delft, fumamos juntas en un bosquecillo lleno de cuervos….oh, querida y amada Holanda. Lo destacable de este año tan hermoso fue que el año anterior había olvidado una bolsa con una compra en un puestecito del festival, cuál fue mi sorpresa al descubrir que la muchacha me la había guardado durante un año entero para dármela de nuevo.
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Este año ha sido el cuarto, con proyectos de un quinto. Este año hemos vuelto a ser dos pero hemos conocido Utrecht, hemos vivido en el camping del Castlefest durante cuatro días comiendo zanahorias y pan enrarecido con queso. Nos hemos echado protector con purpurina del 20, me han pedido fotos, hemos hablado con La Horde, con Corvus Corax…hemos flipado con Rosa Crvx y con Wardruna. Conocido a gente en la parada del bus de camino al aeropuerto y nos hemos reencontrado con un amigo de los que son para siempre en Ámsterdam. En fin, Holanda 2014.

Holanda se ha convertido en un factor común en mi vida, muchos encontronazos de mi vida diaria me remiten a ella. Coincidencias o no, no dejan de asombrarme. Por mi parte me preparo a conciencia para cuando mi partida llegue, aprendo neerlandés, mejoro mi inglés, tomo muchas clases de danza y la vida dirá lo que hace conmigo. Holanda u otro lugar, quién sabe, pero ahí estaré dispuesta a afrontar mi lucha.

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Leiden, la ciudad con dos llaves antiguas como símbolo de la ciudad.

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