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Entiendo lo raro de la pregunta… pero ¿Por qué? 

17:45 de la tarde, un calor de aúpa, de esos que te resecan las ideas y te quitan las ganas de vivir, te sudan las axilas y ya imaginas cómo vas a oler a las diez de la noche, pero no llegas, tienes que correr “Súperalo” te dices a ti misma y de pronto te topas con dos chicas en plena adolescencia contando con tremenda efusividad lo que J le hizo en el bajo vientre a L  y ¡¡BAM!! el pasado te golpea en la sien y caes por ese pozo sin fondo a lo Lewis Carroll, te conviertes en Alicia, adiós mundo conocido, adiós adiós… y aterrizas en el poso de tus recuerdos. Y ahí, abrazada por las sombras y una humedad un tanto rancia te preguntas ¿Y por qué ya no siento así? La intensidad, la alegría, las ganas, la magnitud de las cosas…“No ha pasado tanto tiempo desde que salí de esa etapa” te reprochas. Pero en fin, te ahuecas la falda, te ajustas el pettit coat y a correr, que se nos va el conejo blanco. 
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En fin, antes un amor imposible te elevaba a la estratosfera de manera indiscutible, no tenías que hacer nada simplemente volabas; hoy me voy de la casa de las personas con sigilo y si puedo, de su vida también. ¿Para qué montar un drama? El 2012 me enseñó a echar de mi vida a la gente que no me interesa, a algunas personas las echo, a otras las invito a irse, otras me dejan, otras se van pegando un portazo… La vida en eso consiste, en el devenir de las personas, las ideas y las vivencias. Rachas buenas, rachas malas. Sin embargo antes me lo tomaba peor. He de suponer que pese a todo una hace callo, se acostumbra a la decepción y a la tocada de huevos… de modo que ¿Para qué ruborizarse? se te revuelven las tripas según como sea la situación eso sí, te puedes quedar en un limbo agónico y poco grato durante días, semanas, meses pero tal y como vino, se fue. ¿Por qué?…o… ¿Por qué no? 

Mi vida ha sido un totum revolutum de excrementos y alguna que otra sonrisa, dos conceptos que no deberían juntarse en la misma frase. Quizá por eso pasamos del auténtico drama a la pura indiferencia, mecanismo de defensa ya que sabes que cuanto más subes más duele la caída. Creo que es lo que la gente llama madurar, yo lo llamaría desencantarse. Madurar es ser consecuente con tus actos, saber que no te puedes gastar 300 euros en un abrigo, que por mucha resaca que tengas toca ir a trabajar… pero en absoluto significa dejar de sentir tu estómago en caída libre, frenar la emoción que produce una alegría “por si las moscas” o pensar que todo es fortuito y que por tanto no vale la pena ni pensarlo.

El proceso de desencanto es aquel que tras varios golpes directos al aparato respiratorio y/o genital crean una barrera tal, que te impiden el gozo libre sin cadenas, sin sopesar la consecuencia. 

Sin saber que había llegado este punto, mis alarmas han saltado porque he puesto dos vallas electrificadas este verano. He establecido límites que de alguna manera, aunque suene contradictorio, quedan fuera de lo personal. Es la no-disposición a ser jodida, el ya está bien y el no me no toques la vaginada que bastante tengo ya; independientemente de la persona en cuestión (importante, cercana, conocido, compañero, amigo, desconocido…) La respuesta inmediata es el desconcierto del atacante, la tardía es el arrepentimiento, la penúltima la rabia, la ira y odio; la última es la omisión, el ignorar, el silencio. Todo esto muchas veces se puede arreglar, de hecho creo que si viviéramos con la misma intensidad que antaño seríamos propicios a arreglar los momentos desastre de nuestras vidas con más facilidad porque la pulsión existe, el pathos, el vómito de nervios… pero cuando nos volvemos pasivos de alguna manera dejamos las cosas estar y eso implica dejarlas en el olvido. A veces son sólo rachas, otras se convierte en parte de la personalidad y en ocasiones, se convierte en arrepentimiento postergado.

Y de verdad que en ciertos momentos siento lástima, por mí más que por nadie porque qué fastidioso es ese sentimiento de jauría de polillas en el estómago y cuánto se echa de menos cuando te das cuenta de que se comieron las unas a las otras dejando apenas un rescoldo de lo que fue. Ojo, no es que haya perdido las ganas de vivir…sino que ciertos momentos de la vida cotidiana donde debería sentir, no siento. ¿No os pasa?

Las 17:52. Si no corro más pierdo el tren. La realidad se torna cruel, no es un conejo blanco es un cercanías renfe que no espera. Y atrás queda el deseo y la pregunta. Y la duda, la maldita duda, ¿Qué mierda le hizo el J ese en el bajo vientre que la tenía tan flipada? Holyshit… 

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