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No es la primera vez que creo una teoría sobre las emociones según qué mes, siempre de una forma muy íntima y privada. Mi gente allegada sabe que para mí Septiembre es un mes dedicado al Nostos, a la intensidad y a la nostalgia. Sin embargo, Octubre es un mes prohibido, un mes donde se fragua la maldad, donde explosiona la catástrofe, un aquelarre de demonios. 

La experiencia me indica que somos muchos los que coincidimos, aunque bien es cierto que existen mil y un teorías sobre el desdeñoso otoño, lo decadente de la hoja marchita acunándose con el viento. El suicido, la depresión, la ruptura. Otoño podrido, estación endemoniada. Para mí sucede lo siguiente y es que el verano me resulta más bien pasivo, tedioso, monótono; apenas un par de viajes entremedias que te hacen ansiar con fervor el cambio, que te hacen creer que tu vida es de un intenso inaudito. Pero el duro golpe de la realidad te aguarda, el regreso al trabajo y a la monotonía cansina; y ahí es cuando llega Septiembre. Para muchos es mes de vacaciones y para otros es un mes lleno de altibajos donde la rutina y lo extraordinario se entremezclan con un clamor impensable. De pronto tras tres días de lo más normal te alcanza un torbellino de jolgorio: haces algo nuevo, la fiesta se torna impredecible, las amistades se unen después de una larga retirada… y a medida que Septiembre va a llegando a su fin, pasito a pasito se apaga la alegría y lo inesperado. Cuando te quieres dar cuenta, el mes da sus últimos coletazos y a ti tan sólo te queda el eco de los recuerdos. 
otoño
Echar de menos; pena de verse ausente de.

La ausencia huele a madera quemada. Es el humo del que se va lo que nos duele, el recuerdo de un calor que ya no vuelve; el perfume de las brasas de ébano.
Ausencia, poco más, es lo que nos queda… Nostos. Nostalgia. Lo que pudo ser y no fue.
 
Y en el duro devenir lo que fue y no fue, vuelve. El humo del retorno cargado de recuerdos, el perfume de los perdones que no se dijeron. 
 
El olvido metamorfoseándose en quizás.
 

Y llega Octubre. Ese mes insolente, lleno de agónica maldad. Con sus dagas emocionales, sus dudas, sus inseguridades sus¿Habré escogido bien o estaré haciendo el imbécil de nuevo? Un grito a la estulticia, un ademán a la idiotez. Y todo lo malo acontece, los golpes al pecho, las caídas en picado y la desesperación. Vale, es muy dramático pero ya sabéis como soy, qué viva la aumentatio ciceroniana. Y hénos aquí, hechos un ovillo de horror, meciéndonos atontados sobre nosotros mismos y atados por las correas de nuestras propias limitaciones. Lo que pasa que con el tiempo te lo vas tomando mejor y te permites tus chistes invocando a la Demencia, que para mí es la Diosa que rige este mes. Y es que, fijaos si es malo Octubre que todas mis relaciones le rondaban curiosas, tanto las que empezaban como las que terminaban. Colindando tímida la crisis. Claro que Octubre tiene sus cosas buenas también, pero no os engañéis son las menos y siempre de cara a su muerte.

Noviembre en cambio es el mes de la fragua, del fermento, de la maquinación descarada y maquiavélica. Aguarda callado,  y entre susurros se despoja de sus ráfagas de viento fresco, de sus amagos de lluvia invernal. Es un mes calmado, es un mes de paz. Nada pasa en Noviembre.

Porque para eso ya está Diciembre. El compendio del Nostos y la Maldición. Pero aguardad que aquí lo dejo, que para Diciembre tengo unas cuantas palabras que  de seguro se maceran en lo que queda. 

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