Etiquetas

Portazo. Portazo. PORTAZO. PORTAZO. ¡¡¡¡BAAAAAAAAAAAAAAAAM!!!!

Y de pronto mi corazón chillando histérico, arañándome las paredes del pecho.

-¡¡ESE HIJO DE PUTA OTRA VEZ!!- me espeta como si yo tuviera la culpa- A VER SI LE DOBLAN LA PUTA DOSIS DE MEDICACIÓN, HOSTIA. ¡¡QUE ME VOY A PARAR DE UN SUSTO Y NOS VAMOS TODOS A LA MIERDA!!

Siempre la misma cantaleta. Diría que le encanta un drama pero joder, en esta ocasión tiene razón. Hemos pasado juntos de todo, que si dramas familiares, situaciones incómodas, desamores… ¿Pero esto? ¡¡Qué cojones!! ¡¡Es el colmo del intrusismo mórfico!! Una que duerme plácidamente, soñando con memeces que luego no va a recordar y de pronto ¡¡BAAAM!! el portazo más sonoro de toda mi existencia rompe con el silencio, la fase REM y la puta madre que los parió a todos. ¿Quién es el responsable? Mis vecinos. ¿Por qué? porque la educación brilla por su ausencia.

El caso es que las paredes son finas y muy reverberantes, todo resuena oiga. He oído desde como se revuelcan mis vecinos en acto pasional, a cómo despliegan todo un grupo de barítonos anales dando un concierto en re menor tras una fabada bien consistente. Hasta ahí todo bien, entra hasta dentro de la normalidad. Pero otro tema muy distinto son las discusiones. A veces tienen cierto morbo, enterarte de las vicisitudes del vecino al que saludas todas las mañanas y que desconoce que tú conoces sus secretos más turbios.

-Hola, buenos días.
Sé que te follas a otro hombre todas las mañanas cuando tu mujer se va al trabajo.
-¿Perdón?
-Que no sé si notas que todas las mañanas toco el contrabajo.

Y alejarte con una sonrisa perversa dibujada en la cara, con pasos que cantan misterio y una nube de humo desdibujándote la silueta en la mañana gélida.

Eso está bien. Lo que no está bien es soportar los feroces gritos de un niño malcriado jugando a la puta Play Station hasta las 2 de la mañana de un miércoles, rallando la histeria más irracional por ganar una partida. No está bien que la madre no le diga nada y que a la mañana siguiente monte el pollo del siglo, con gritos desgarrados, insultos, portazos y hostias incluidas porque su querido y angelical vástago no se levanta para coger la ruta. Claro que no zorra calva, cómo se va a levantar si mientras tú estabas a lo tuyo él se lo estaba gozando con la consola. Pero bueno, son cosas que pueden pasar tampoco vamos a prejuzgar a nadie. Al día siguiente se filtran por las paredes unos alaridos que suplican clemencia.

-No mamá noooooooo, no me quiero tomar esa medicación porque me deja tonto. No entiendo por qué nadie quiere estar conmigo. SI LE PEGUÉ ES PORQUE ES UN GILIPOLLAS Y TÚ OTRA, GORDAAAAAA.

Entonces el asunto se empieza a clarificar, deducimos mi pobre corazón magullado y yo, que el vástago de Satán que vive debajo tiene algún tipo de trastorno. Vale, tengamos compasión, es un pobre diablo.

Viernes a las 7:00
Portazo. Portazo. PORTAZO. PORTAZO. ¡¡¡¡BAAAAAAAAAAAAAAAAM!!!!

-Me cago en su puta vida ¡¡ME CAGO EN SU PUTA VIDA!! ¿¡ME OYES!?
-Recibido.
-Que paren. ¡¡HAZ QUE PAREN O ME PARO YO!!

Y comienza la disputa, que si eres un vago…que si tú no me mandas gorda de mierda, prepárate para ir al colegio o te vas a enterar, para me haces daño, PARA ME HACES DAÑO, y más que te voy a hacer si no me obedeces, eres una gilipollas te voy a denunciar. Vístete y vete al colegio de una vez. Gorda de mierda voy a decírselo a papá. Ni se te ocurra llamar a tu padre, vístete y lárgate. Ya he perdido la ruta no puedo ir. Oh sí, sí que vas a ir ¡¡ZAS!! AAAAaAAAaaaaAAHHH!! ME HACES DAÑO, PARAAAA ME HACES DAÑOOOOOOO. Y así durante unos cuarenta minutos. La disputa se queda sin resolver, el puto malcriado de los huevos se va con sueño y el culo caliente. El llanto de su madre se oía alto y claro retumbando por toda la casa.

De esto no puedo juzgar, no sé si le han criado mal, si le han consentido cuando no debían -que por discusiones en años anteriores abogo bastante por esta opción-, si el niño tiene algún tipo de trauma, trastorno bipolar, esquizofrenia… enfermedades con las que más vale no jugar. En cualquiera de los casos me asombra y me apabulla no sólo la cantidad de improperios que se intercambian, sino la falta de respeto que se tienen el uno al otro y la falta de respeto que tienen con todo el vencindario, porque sí, aunque cueste creerlo no todo el mundo se levanta a esas horas. Hay gente que duerme o gente que estudia o trabaja en casa. Y a cuento de qué tengo yo que soportar que, a consecuencia de los actos mal llevados de una pobre mujer, un niñato de los cojones venga a gritar lo que le dé la gana. Sí, es tu hijo; sí, te merma la juventud; sí, es triste y desesperante y lamento mucho que llores después de las discusiones pero… de parte de mi corazón:

-NO HABER PARIDO ZORRA, LLAMA A SERVICIOS SOCIALES.

Domingo a las 8 de la mañana.

Portazo. Portazo. PORTAZO. PORTAZO. ¡¡¡¡BAAAAAAAAAAAAAAAAM!!!!

-Saca el bazooka que esto lo apaño yo en un momento.

Anuncios