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Hace calor. Sí, es un hecho. Tu propio cuerpo escupe tu alma a modo de denso gargajo contra el cemento quebrado de las calles de la ciudad. Sí, tal cual. En tu puta vida has sudado tanto, te sudan pliegues que no deberían ni existir. Te sudan las jodidas ingles y tienes un microclima desarrollando nuevas especies de fauna y flora entre las nalgas. Has descubierto que el perineo siente y padece como los demás. Le dedicarás peroratas nocturnas y réquiems en re menor.

Joder, es que de verdad hace calor.

Os haré una confesión, es mi primer año imbuida en la vida real. Hasta ahora me había criado en una urbanización con piscina, de esas que todos envidiáis y a la que yo siempre os invitaba pero a la hora de la verdad nunca queríais venir. Sí, yo tenía calor a las tres de la tarde y me bajaba como una maldita señora enfundada en mis gafas de sol de oferta y con una toalla desgastada pendiendo de mi brazo, apestaba a protector solar del Mercadona y me bajaba un libro de cultureta para entretenerme bajo el sol abrasador. Esa fulana de tres al cuarto era yo. A veces hasta me bajaba temprano y veía a todos los adolescentes de mi barrio revolotear anormales con sus hormonas al viento. Me cago en la puta, qué buenos tiempos…

Ahora ya no, ahora formo parte de la plebe. Tengo calor ergo me jodo. Me despierto asfixiada de calor a las 3 de la mañana, pongo el ventilador, me despierto a las 5 de la mañana muerta de frío. Me despierto a las 9, babas asomando, con las corvas on fire de dormir en posición fetal. Y ya estoy jodida para el resto del día.

Que si ducha, que si abanico, que si te jodes puta y vete a un bar con aire acondicionado. Y total, que deambular es lo que nos queda cuando no hay piscina. Francamente siempre me he considerado afortunada por haber vivido en un barrio así, por no tener que rogar desesperada por ese chapuzón en caldo de orines ajenos, pero la vida tiene sus vaivenes y a mí se me acabó el chollo. Qué fuegorrqueréis que os diga, es lo que tiene vivir en Madrid, mar de asfalto y hormigón. Los afortunados tenéis playa, los pringados tenemos esta puta mierda que te reseca los mocos, armas de destrucción masiva reposando en tus fosas nasales, llamada ciudad de interior.

Madrid tiene su aquel sí… cuando el capullo de turno no te planta su sobaca mora en la cara mientras agarra la barra del metro. Cuando la señora doblegada a su obesidad mórbida no se sienta a tu lado y levanta esa oleada de aire caliente con múltiples aromas. La higiene…¡ay! la higiene brilla por su ausencia en estos días de verano. Da igual la cantidad de veces que te duches, asume que vas a oler a jodida mierda disecada las 24 horas del día…o lo que es peor, a esa mierda de colonia dulzona de tres pavos mezclada con el olor de tu sudor al viento. (En serio, dejaos de mierdas…dejad de utilizar esas porquerías que nos va a dar un soponcio al resto) Además la gente está a tope, tiene la genitalia presentado operetas de diez de la mañana a once de la noche ininterrumpidamente, y yo que soy un imán de viejos desdentados estoy podridita de escuchar sus soplapolleces mañaneras a cuento de lo que llevo o dejo de llevar. Son esos momentos en los que me encantaría tener una inmensa polla para sacármela y abofetearles en la cara con ella, al son de “¿¿¿Te siguen gustando mis tetas ahora hijo de mil putas???”  Pero no puede ser, aunque no lo parezca soy una señorita y tan solo transformo mi cara en una mimética mueca de culo y sigo andando.

Conclusión: Ahora que no tengo piscina es todo mucho más vívido, siento el verano mordisqueando mis carnes morenas ávido de deseo. Me quiere consumir toda entera y dejar los huesos a modo de advertencia mortuoria. Y yo… yo no tengo fuerzas para luchar contra estos 40 grados a la sombra, me dejo hacer señores.

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