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Desde la víscera te recito: Eres un rufián invadido por silencios.

Jodido seas tú y tu mutis. 

Como se invade una isla con mil tanques y una legión de soldados, así estás tú. Tomado por un insurgente susurro sin voz. De pies a cabeza eres mudez con grietas.

A veces se cuela un sustillo podrido de ruido empastado que bien podría ser interferencia de radio. Entre kkgggsss y bbzzzz me dejas intuir lejanamente que piensas en mí. A veces. De forma intermitente casi nula. Y yo me conformo. O eso me digo.

Una vez casi me trago mi propia lengua de puro nervio al escucharte, pero no, me tragué un par de mentirijillas como una puta cualquiera se traga tu interior por dos billetes.

Cabeza blindada de miedos. Isla de silencios. Así te me antojas TÚ.

Pero eh, que igual es todo mentira y sólo quieres cruzar al otro lado del puente a través de cada vértebra de mi espalda. Y quedar libre; sin mí y sin lo de atrás pero con una larga ristra de silencios para repartir por ahí, TÚ,  rufián preñado de palabras mudas.

Y es que ya está bien de tanto armar guardia bajo el pecho de hojalata y oprimirlo hasta la necrosis. Que con el mío carbonizado de tanto tiro al plato, ya tenemos.

silent

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