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“Me encoges las entrañas” debería ser el claro homónimo de “echar de menos”. Cierra los ojos y echa de menos. La simiente se deposita en el plexo solar y aunque ella se extiende, el resto se achica hasta hacerse una pelotita en la boca del estómago. Y de ella salen mil raíces que intentan arrastrar todo lo demás hacia sí, es por eso que cuando echamos de menos duele arriba y se extiende hacia abajo, creando ese vacío incoloro en la boca del estómago.

Resulta que odiar es parecido. Odiamos con la boca del estómago, sin embargo en vez de encogerse se derrama miserable por las tripas y por eso cuando odias de verdad se te revuelve hasta el alma.

Amar es otra historia, amar es echar de menos desde las vísceras, y es tan potente que cuando retumba nos hace eco en el pecho.

Vaya por Dios.

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Ilustración de Chiara Bautista

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