De Noche

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Es la primera vez que miro mi ciudad con estos ojos. Ojos mitad curiosa, mitad desconcertada. Soy una nueva inquilina.

Las dos de la mañana es una hora un poco jodida para sentirse desubicada en tu propia ciudad. Salir del trabajo con el cerebro en escabeche, amargada por una jornada demasiado intensa para cualquier mortal, la lengua de trapo de tanto repetir las mismas frases manidas y sin sentido que exige la compañía. Y con la esperanza en cuarentena. 

Hoy la travesía es obligatoria, no queda otra. Dos horas de trayecto atravesando las carreteras de fuera hacia dentro, como una aguja atraviesa distintas capas, desde la epidermis hasta el corazón. Tengo que coger tres autobuses y lo que se me va entre uno y otro es la vida. Minutos interminables de espera donde te das cuenta que cuando cae la madrugada, con ella cae un velo enrarecido sobre la gente. Ya no son personas como tal, son sospechosos de algo más. Durante el día, puedes fiarte por instinto de según quién durante tus trayectos. En cambio, si son las farolas las que te alumbran el camino, esos extraños son peligros potenciales en su más elevado exponente. Así funcionan nuestros sentidos. Alerta.

Fuera de ese nivel de desconcierto humano, es bastante fascinante observar tu ciudad como la observa un turista; las ornamentas de los balcones se tambalean desde la ventana del autobús, las fachadas labradas hasta la extenuación, las cúpulas alumbradas por focos que nunca supiste que estaban allí. Caminar las calles húmedas por el servicio de limpieza, observar a los borrachos dudar con cada paso, las caras de agotamiento de los que venimos de trabajar.

Tercer autobús, ya casi en casa. Catástrofe.

Tenía que pasar, oh sí. La pérdida. Perderse difumina una sensación muy extraña por todo el cuerpo. Te eriza los pelillos de la nuca porque te sientes en peligro, te crea un semi vacío en el estómago a caballo entre el terror y la curiosidad. Exacerba el sentimiento de inutilidad que todos llevamos dentro y te flagela con látigos de siete colas y puntas afiladas al fiero grito de: RETRACA MENTAL. Y es que cómo jode perderse, maldición.

~El reloj cantaba las 4 de la mañana con una voz de soprano tenue y ceniza. Las cuatro. El móvil olvidaba el mundo entre coletazos de sufrimiento, tratando de mantener el último ápice de luz iluminando la pantalla rallada por el polvo. Mientras tanto, en la carretera apenas cuatro coches bailaban el swing del motor. Ahí te pudras por tonta inútil -me decía una segunda línea de pensamiento- Ahí te pudras por no haber mirado bien el itinerario. ¡¡Merecido!! ¡¡¡Y más que merecido jodida confiada!!! Y sin saber si llorar, gritar o maldecir me senté en un banco diabólicamente incómodo y dejé los minutos pasar, uno detrás de otro y en fila india. Hambre y un señor con camisa verde lima, de olor suave y penetrante. Huele bien, es agradable. Huele a ropa limpia. Qué hace un señor tan extraño a estas horas aquí. Tiene cara de buena gente. No, no le mires, no te vaya a dar conversación, eso sería una hecatombe que, bien sabes, acabaría fatal.
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Me avisa cuando llega el autobús y vuelvo al punto de partida. Exhausta, idiota, adolorida, quejumbrosa, reventada. Estúpida. Confiada. Ay.

A las 5 luchaba con la cerradura de la puerta. 5:30 la cama, el insomnio. Perder el recuerdo. Las 11:40. FUCK.

Otro día sin Inglés.

Minutos de más y una calavera de pájaro sobre la mesa.

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En mi casa hay un colador que me recuerda a la cabeza de un bebé. Es un pensamiento un poco sádico -aunque odio este término- puesto que la malla se hunde cuando presionas ligeramente con la esponja y a mí siempre me ha dicho que tenga cuidado cuando coja un bebé porque su cabeza está blanda. Pensándolo bien quizá mi disfuncional relación con los niños empiece por ahí, miedos inducidos a espachurrarles la cabeza a los minihumanos. 

El caso es que está siendo un mes de muchos cambios, tengo la cabeza más vacía de lo normal, quizá por intentar dejarle sitio a lo nuevo, quizá por querer olvidar lo malo que se queda atrás. El yugo materno, el trauma paterno, la inexistente familia, la soledad inducida, el miedo a pensar -este último, un bastardo de mucho cuidado-.

Es curioso, siendo una persona que le da mil vueltas a todo, cómo puedes desdeñar por puro pánico una acción que realizas sin ser consciente. Pensar. Maldición.

Hace un par de años decidí que lo mejor sería llenarme los días de actividades, es la forma más sencilla de cortar el flujo del flagelamiento neuronal. En fin, para qué autoagredirse. Poco a poco dejé de cuestionarme determinadas cosas y me vi imbuida en una rutina venenosa que apenas me dejaba tiempo para nada. A medida que fue pasando el tiempo, la cantidad de actividades empezaron a ser más, enlazaba unas con otras, no dejaba más que unos minutos entremedias para no sufrirme demasiado. Dejé de leer porque estaba demasiado cansada, dejé de escribir porque estaba demasiado podrida, dejé dejé dejé y a cambio aceptaba todo posible plan. A día de hoy puedo decir que fue una forma de autocondenarme, te condenas a no cuestionarte, te condenas a intentar no sentir, te obligas a acostumbrarte a un estado existencial que te anula. Al final del día estás tan agotado que no existe una forma decente de mantener el tipo y te arrinconas con tu alma entre los brazos en la esquinita del sofá, esperando que la pesadez del día te atrape y te someta a la inquina madrugada.

Hubo unos meses en los que no podía mirar por la ventana porque no la tenía, que ya ves tú menuda tontería ¡una ventana!, Sin embargo, las sombras son más espesas sin la ilusión de una ventana que deje que la luz pase de forma inesperada de vez en cuando. Las ocho horas diarias fuera de casa se habían convertido en doce, la vida la metía en una mochila moribunda y un tupper de sobras. Las ganas se me escabulleron por el roto del bolsillo. Y así pasó otro año.

Ignoré las fechas que me duelen, ignoré la punzada en el estómago, ignoré las del corazón… hasta que algo que me las recordaba en forma de bofetada emocional. Las pocas relaciones que tenía establecidas con el mundo se diluían entre distancias exageradas y discusiones; no había consuelo, se lo llevaron las cuerdas de los instrumentos queventana retoque pendían en la pared de casa.

De modo que decidí que lo mejor que podía hacer era regalarme tiempo, tiempo que cure, tiempo que me re-enseñe a aprehender lo que ya olvidé por querer ahogarlo. Retomar, re-sentir, SER.

Y por eso ahora friego un colador que me recuerda a la cabeza de un bebé, porque aunque la ventana no me muestra el cielo de Madrid, vuelvo a tener una ventana…y eso ya es algo.

Summertime and the livin is easy…

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Hace calor. Sí, es un hecho. Tu propio cuerpo escupe tu alma a modo de denso gargajo contra el cemento quebrado de las calles de la ciudad. Sí, tal cual. En tu puta vida has sudado tanto, te sudan pliegues que no deberían ni existir. Te sudan las jodidas ingles y tienes un microclima desarrollando nuevas especies de fauna y flora entre las nalgas. Has descubierto que el perineo siente y padece como los demás. Le dedicarás peroratas nocturnas y réquiems en re menor.

Joder, es que de verdad hace calor.

Os haré una confesión, es mi primer año imbuida en la vida real. Hasta ahora me había criado en una urbanización con piscina, de esas que todos envidiáis y a la que yo siempre os invitaba pero a la hora de la verdad nunca queríais venir. Sí, yo tenía calor a las tres de la tarde y me bajaba como una maldita señora enfundada en mis gafas de sol de oferta y con una toalla desgastada pendiendo de mi brazo, apestaba a protector solar del Mercadona y me bajaba un libro de cultureta para entretenerme bajo el sol abrasador. Esa fulana de tres al cuarto era yo. A veces hasta me bajaba temprano y veía a todos los adolescentes de mi barrio revolotear anormales con sus hormonas al viento. Me cago en la puta, qué buenos tiempos…

Ahora ya no, ahora formo parte de la plebe. Tengo calor ergo me jodo. Me despierto asfixiada de calor a las 3 de la mañana, pongo el ventilador, me despierto a las 5 de la mañana muerta de frío. Me despierto a las 9, babas asomando, con las corvas on fire de dormir en posición fetal. Y ya estoy jodida para el resto del día.

Que si ducha, que si abanico, que si te jodes puta y vete a un bar con aire acondicionado. Y total, que deambular es lo que nos queda cuando no hay piscina. Francamente siempre me he considerado afortunada por haber vivido en un barrio así, por no tener que rogar desesperada por ese chapuzón en caldo de orines ajenos, pero la vida tiene sus vaivenes y a mí se me acabó el chollo. Qué fuegorrqueréis que os diga, es lo que tiene vivir en Madrid, mar de asfalto y hormigón. Los afortunados tenéis playa, los pringados tenemos esta puta mierda que te reseca los mocos, armas de destrucción masiva reposando en tus fosas nasales, llamada ciudad de interior.

Madrid tiene su aquel sí… cuando el capullo de turno no te planta su sobaca mora en la cara mientras agarra la barra del metro. Cuando la señora doblegada a su obesidad mórbida no se sienta a tu lado y levanta esa oleada de aire caliente con múltiples aromas. La higiene…¡ay! la higiene brilla por su ausencia en estos días de verano. Da igual la cantidad de veces que te duches, asume que vas a oler a jodida mierda disecada las 24 horas del día…o lo que es peor, a esa mierda de colonia dulzona de tres pavos mezclada con el olor de tu sudor al viento. (En serio, dejaos de mierdas…dejad de utilizar esas porquerías que nos va a dar un soponcio al resto) Además la gente está a tope, tiene la genitalia presentado operetas de diez de la mañana a once de la noche ininterrumpidamente, y yo que soy un imán de viejos desdentados estoy podridita de escuchar sus soplapolleces mañaneras a cuento de lo que llevo o dejo de llevar. Son esos momentos en los que me encantaría tener una inmensa polla para sacármela y abofetearles en la cara con ella, al son de “¿¿¿Te siguen gustando mis tetas ahora hijo de mil putas???”  Pero no puede ser, aunque no lo parezca soy una señorita y tan solo transformo mi cara en una mimética mueca de culo y sigo andando.

Conclusión: Ahora que no tengo piscina es todo mucho más vívido, siento el verano mordisqueando mis carnes morenas ávido de deseo. Me quiere consumir toda entera y dejar los huesos a modo de advertencia mortuoria. Y yo… yo no tengo fuerzas para luchar contra estos 40 grados a la sombra, me dejo hacer señores.

Raíz Ibérica

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La raíz es polvo contra el viento, humareda de arena contra el mundo moderno. De la que ciega y te obliga a taparte los ojos enrojecidos, de la que constriñe para que mires hacia dentro.

Es el crepitar del fuego antiguo contra la madera del hogar, la hojarasca crujiendo bajo el peso de los siglos, la memoria, la vida pasada, la vida presente.  Raíz es arraigar rabioso contra la tierra y agarrarse para no escapar. Es buscar el origen, es encontrar una identidad, es mímesis.

Raíz Ibérica es un recrearse en la belleza de lo que fue y lo que es, de lo que seguirá siendo, de lo que será. Es un festival hecho para el recuerdo, para recordar quiénes fuimos y reaprender quiénes somos; para recordar que allí estarán ellos, los organizadores y quienes lo componen, para que nada se convierta en polvo de huesos olvidados. Al fin tiene cabida un evento de los que no hay que ir buscando fuera, este está aquí, en la tierra, en el regazo materno que nos ha acunado desde que nacimos y del que parece que ha expandido tanto su abrazo que en ocasiones lo sentimos ajeno.

Son contadas las ocasiones en las que sientes el cariño arañando las paredes, en los tiempos que corren más bien se rasgan los bolsillos. Vivimos una época difícil donde sobrevivir es el leitmotiv primordial y respirar viene después. Pero el 20 de junio respiramos. Respiramos cultura, música, artesanía, risas, compañía…luchamos por mantener a raya el mundo moderno, desconectamos internet y abrimos el alma a lo que estaba por venir.

Narrarlo es un sinsentido porque Raíz se vive. Se viven las montañas, el calor abrasándote la nuca, el reencontrarse, las esperas, los contratiempos y la magia. Y de esto último hubo mucho, pues al fin y al cabo es lo que tiene todo lo que sale de dentro, que se contagia con un poco de energía ancestral y todo lo que sucede, desprende un valor especial que es casi mágico.

Coronamos la noche con un montón de conciertos y un estornudo de estrellas en el cielo, de esas que no aprecias desde la ciudad pero sí desde las entrañas de Iberia.

Y en la madrugada de nuevo el polvo, la humareda, el crepitar y la hojarasca. Y entender por qué es Raíz, y por qué es Ibérica.

http://www.raiziberica.eu/
https://www.facebook.com/pages/Raíz-Ibérica/

solsticio~Algunos enlaces para que a los curiosos se os facilite la búsqueda~

The Wyrm: https://www.facebook.com/thewyrm.darkfolk
Crystal Moors: 
https://www.facebook.com/CrystalmoorsOfficial
Cuélebre:
 https://www.facebook.com/Folkcuelebre
Keltika Hispana
https://www.facebook.com/pages/Keltika-Hispanna_Keltiberian-Dark-Neo-Folk
Árnica: https://www.facebook.com/pages/Árnica
Sandáraca: https://www.facebook.com/pages/Sandáraca
Maen Log: https://www.facebook.com/pages/Maen-Log-ArtesaníaCelta
Cerveza Arévakahttps://www.facebook.com/CervezaArevaka

Emocionalmente devastada

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Llegó junio y con él llego un pesar anodino de los que te curvan la espalda.

Es una sensación cóncava de vacío despechado golpeándote el tórax. Un tambor misil que te atraviesa a cada beat chillándote al compás de tus latidos que estás triste y que no hay nada más que hacer. Es el ambiente, es tu percepción, son tus fantasmas. Eres tú. Todo tú, al completo, de pies a cabeza.

La tristeza oprimiéndote los pulmones. El café borboteando a tu derecha. El hilo de radio poniendo banda sonora a tus agónicos retazos de cordura. Salta la tostada, y ese clack obsceno que te despierta de tu ensoñación y hace que te des cuenta de que estás jadeando y que una retahíla de recuerdos te cortaba el paso del aire. La energía cae y se estrella como un vaso de cristal lleno de aceite contra el suelo, y lo deja todo perdido, y por más que limpies siempre te queda esa película intransigente que se niega a irse. Y así es este pesar, pesado como un peso muerto. Una procesión de desazones.

Son esos días en los que te despiertas desesperanzado sin saber el motivo. Tan solo sabes que tienes un cuchillo clavado en el corazón, un pellizco crudo y cruel que te paraliza el alma. Pero sigues, y a medida que pasa el día nada va a mejor y piensas...¿Es sólo cosa mía? No nos engañemos, los tiempos son difíciles para todo el mundo.

Todos escondemos una memoria de experiencias traumáticas tras nuestra espalda. Un tomo grueso e inconcebible de sucesos que no queremos que se repitan y cuyo mísero atisbo nos paraliza como el veneno, y que de pronto un buen día, se nos cae de las manos para aterrizar en el suelo, abierto como las piernas de una virgen maltratada.

Y notar esa punzada en el estómago y querer vomitar, ese crepitar de entrañas ardiendo bajo tu vientre. Esa tristeza pura e inexplicable comiéndote la vida. La mente abotargada, esa tensión casi dolorosa en la garganta que te empuja al abismo cada vez que tragas saliva. Y no poder explicarlo. Y saberte triste. Intuirte impotente. Romper en llanto y reponerte. Salir a la calle y la tormenta.

Yo lo llamo estar emocionalmente devastado, otros lo llaman melancolía y los griegos decían que era un no parar de regurgitar bilis negra. No siempre necesita de una explicación coherente. A veces es simplemente un estado de ánimo, uno de esos que perduran lo justo y que no se van salvo que llegue un milagro en forma de abrazo. Sentirse desconsolado es un síntoma de este catarro emocional, tan solo se mitiga con un bálsamo que aplicado en su justa medida transforma en solubles las viejas preocupaciones y añade dos cucharitas de las nuevas, y aunque son potentes no arraigan como raíces de ciprés en un jardín de lilas.

~Así que buscad desesperados vuestro bálsamo y tenedlo a mano, aunque a veces llega sin esperarlo y eso templa más el alma~

El drama de caer en picado

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El vacío te devora los pies. Y caes.

Caes en la inmensidad de una poza infesta y te llenas de lodo hasta los muslos. Y ahora… ¿Qué? moverse es peor pero esperar te consume. Y en estas nos encontramos IN-CON-TA-BLES veces en nuestra vida. La puta desidia del no saber qué hacer. Esa sensación puerca que te anula hasta la parálisis emocional. Aunque, bien es cierto que siempre puede ocurrir que se haga la decisión incorrecta, a sabiendas de que lo es, sencillamente porque ésta nos parece muuuuucho más atractiva. Eso es, lanzarnos sin miramientos y con carrerilla al jodido abismo.

   Ah… el vicio

~La primavera se posa lenta sobre la ciudad. Los cafés en estas fechas, saben mejor en una terraza y con buena compañía pero Ella…ella se lo toma con la compañía de sus propios demonios.

“Esa maldita zorra dirá lo que quiera pero yo le voy a joder esa existencia tan mediocre de la que hace alarde cada vez que respira…”

Un trago de café ardiente calcina sus cuerdas vocales y sus pupilas se achican hasta casi desaparecer en la inmensidad de su odio. Ella sabe que NO es el camino como sabe que si existe el karma está jodida y que en el punto más álgido de su vida debería morirse de la forma más ridícula y humillante, sí,  por mala puta. Sin embargo, nadie como ella sabe apreciar el azote del viento galopando entre el cabello. Siempre que intuye una ráfaga traicionera, cierra los ojos tan fuerte que arruga la nariz en un intento desesperado de unir sus párpados en uno solo…y se deja llevar, como si le arrastrara por caminos inciertos donde Ella ya no es y los demás…tampoco.~

Como Ella, tú, él y yo hemos sabido cuándo el camino que decidíamos tomar era arriesgado. A veces no te das cuenta, simplemente echas a andar y cuando quieres abrir los ojos estás inmerso hasta el cuello de mierda, ahogándote entre tus propios gemidos. Oh…pero no, aquí queridos, no se acaba el drama.

El drama llega con la encrucijada. Y es que una cosa es cuando la decisión que tomas es mala pero bueno, qué ibas a saber tú, no parecía TAN terrible, el instinto falló y no tiene más…. No. Otra cosa muy diferente es cuando tienes dos opciones y sabiendo cuál de las dos es la socialmente esperada, es decir, la buena….te tiras en plancha a por la peor. A por ese cebo engendrado por el mismísimo diablo servido en bandeja de plata labrada con un invisible hilito de acero en la base. Y al mínimo tirón, sabes que estarás respirando azufre en las mismísimas puertas del puto Averno.

En la vida y durante nuestra educación, nos enseñan a escoger. Nos enseñan a diferenciar qué está bien y qué está mal en función de unos patrones morales y éticos que predetermina totalmente tu sociedad. Te enseñan a anteponer la moral ante el deseo, la ética sobre la pasión salvaje. La educación con moralina, esa jodida bastarda. Por ella, no le haces el corte de mangas al desgraciado que te habla sin un ápice de respeto o no le arrancas la ropa al sujeto de tus deseos porque el contexto no es el adecuado. Hay que guardar las formas, y por eso mismo dudamos. Porque nuestras decisiones se ven condicionadas por lo que es correcto y lo que no lo es. Porque lo que verdaderamente quieres, ESTÁ MUY MAL y lo que menos te atrae, ES LO QUE TIENE QUE SER.

La vida tiene la buena costumbre de envolvernos en vicisitudes. En dilemas morales, éticos y emocionales que hacen que nuestro suelo se tambalee bajo nuestros pies a modo de sobre aviso. Si elijes bien, el suelo por el que pisas seguirá siendo firme y seguro.

Y si elijes mal…bueno, si elijes mal el abismo se abrirá ante ti para absorberte el alma y llenarte de tanta plenitud como de doloroso vacío.

Tentación servida en bandeja de plata

Literatura en vuestros ojos

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Últimamente no encuentro literatura en las personas. No hay manera. No me derraman ni un par de versos tristes por los ojos que yo me pueda beber. Eso me molesta.

Viajo mucho en transporte público, no tengo carnet de conducir y no me queda otro remedio, así que cojo el Cercanías y después el Metro. Hora y cuarto por cada viaje; eso da para mucho. Bien es cierto que en lo esperpéntico del ser humano sí que encuentro unos cuantos tomos de prosa poética pero eso ya es otro cantar, yo me refiero a las personas de a pie.

Hace meses vi un señor mayor de ojos claros asirse con su mano desdibujada por las venas hinchadas a la barra del vagón. Le relucían unos sellos de oro, así como de Marqués, en cada dedo. El marco de sus ojos contaba gamberradas de juventud y tan pronto como vino, se fue y me dejó ahí intrigada, el muy rufián.

Hay alguna que otra historia bonita, como la del chico y la chica que se gustaron y se miraban de soslayo durante todo el trayecto. Moncloa, fin del viaje para él, y a falta de gónadas suficientes para pedirle el teléfono le dice adiós con una sonrisa triste y se voltea arrepentido cuando el tren reanuda su carrera.

Pero por lo demás, a día de hoy cuando me fijo en la cara de las personas, éstas sólo me devuelven apatía. A veces pienso que es un reflejo bobo de cómo me siento yo, inmersa en esa rutina dañina que empieza como una caricia y termina lijándote los huesos. Será que mi mente agotada ya no genera bonitas estrofas para la humanidad porque está demasiado podrida para mí y para mi arte mediocre. Ya no me cosquillean las puntas de los dedos, deseando escupir sobre una hoja en blanco derroches de tinta negra.

A cambio la cabeza me da vueltas y no consigo dormir, y me pregunto por qué, si por TI,  por este mundo ensangrentado o porque necesito llenar las páginas de mi vida con mis propias historias, y no con las de los demás.
Y de pronto la pobreza y las amapolas. Y la literatura.

Tribal Fusion, fusion bellydance, belly fusion….WHATEVER.

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¿Qué esta pasando en esta nuestra comunidad? ¿Qué está pasando con el Tribal Fusion?

Es una pregunta que deberíamos hacernos de vez en cuando todas las partícipes de esta disciplina. Piny Orchidaceae tiene una propuesta, a mi parecer muy inteligente, para dar respuesta -o al menos intentarlo- a preguntas como esta. Rebuscando entre mi bolso he encontrado lo que parecen ser dos ovarios de acero inoxidable y aquí me expongo ante todxs vosotrxs para transmitiros lo que se dilucidó en el TribaLX acerca de estas preguntas y de paso dejar un tímido poso de mi opinión en el fondo de esta enorme taza de té. Rodarán cabezas, ya lo veo venir…pero qué sería yo si me dejo crecer los pelos en la lengua.

Bienvenidxs pues al Tribal Talk. 

Este año las figuras representativas de nuestra bonita danza en el TribaLX en Lisboa han sido Ariellah, Anasma, Meher Malik, Haza, Horus Mozárabe, Judit y las bellísimas Orchidaceae, entre muchos otros oyentes y participantes. Lamentablemente no escribí notas así que todo va a ser de cabeza, que los dioses me perdonen. 
El punto interesante de esta propuesta es el hecho de poder charlar sobre una disciplina que ha corrido como la pólvora por todo el mundo y tiene sus bases arraigadas en EEUU, con todo y con eso, se ha extendido tanto que hasta en los rincones más recónditos del planeta hay alguna loca que baila TF. Pero…¿Estamos segurxs de que lo que bailamos es Tribal Fusión?

1- Las etiquetas
La etiqueta fusión ha ganado mucho peso, tanto es así que prácticamente ha fulminado de una patada al concepto “Tribal”.

Las etiquetas a nadie le gustan pero en cierta medida todos necesitamos de una, es una forma ridícula de sentirse en casa, de sentir que perteneces a algo, de ponerle nombre a eso que solo se sabe que existe cuando suenan dos notas musicales y alguien toma la pista de baile.

Comenzó siendo Tribal Fusión porque su mamá fue el American Tribal Style (ATS), así apodado porque uno de sus rasgos más característicos era el hecho de formar una tribu -muchas bailarinas sobre el escenario, las formaciones, la líder seguida de las demás…- Ajam. Bien. Con el nacimiento del Tribal Fusión nació la solista y con ella el individualismo. Sí, es cierto que el elenco de bailarinas esparcidas por todo el mundo son una tribu pero no nos hagamos lxs ignorantes… sabemos de sobra que no es eso a lo que quiere aludir, al menos no al 100%. Tribu pero sobre el escenario, liderada por una persona que irá cambiando “su mandato”. Y claro que sí, tribu fuera del mismo pero aludiendo a hermandad porque tenemos una misma forma de sentir la danza. Eeeeckk!!! la cosa ya empieza a desvirtuarse.

De modo que ya no hay tribu sobre el escenario y para colmo hay tanta fusión que la base de ATS se quedó bien atrás. Primero porque muchas no tenemos una base de ATS, en mi caso no había una sola clase en condiciones cuando empecé y si la había, yo no la encontré. Además la exigencia siempre radicaba en un año de danza oriental, no de ATS, para poder entrar a TF. Entonces…wtf!?? Nos encontramos primero con un problema en las bases, lo cual ya hace que me tiemblen las canillas, que repercute de pleno en la denominación de nuestra danza, porque si no hay ATS dónde queda el “Tribal” Fusion. Para colmo, el ATS es una fusión en sí mismo, y es que como bien dijo Piny, mezcla distintos elementos de otras danzas… o sea, que si nos ponemos puretas y quisiéramos ahondar en las raíces de nuestra danza (aka TF) no deberíamos quedarnos en la superficialidad del ATS sino que deberíamos zambullirnos de lleno en la danza oriental clásica.

2- Hay que saber ATS sí o sí.

Y aquí es donde me gano el infierno. Pues no, no hace falta. Discrepo yo y discrepa hasta Ariellah. Si tienes amor por tu danza, tienes curiosidad, ganas de aprender, de afianzar las bases y ganar en postura entonces sí, debes aprender ATS. Pero si lo único que quieres aprender es a disociar y en función de unos movimientos -que llamaremos el esqueleto de la fusión- hacer lo que te plazca…entonces métete a una clase de TF y listo. ¡Eso sí! Volviendo al tema de las etiquetas, entonces queridx amigx, que quede bien clarinete que lo que bailas NO ES Tribal Fusión, bailas >”introduzca aquí lo que le plazca” fusion bellydance< o belly fusion o la etiqueta que se le quiera poner, pero no, no es tribal.

Aquí hablo muy personalmente al decir que, cuando hay más fusión que tribal… -y aquí entenderemos por fusión ese esqueleto entremezclado con otros estilos de baile-, entonces no podremos decir que hacemos tribal. Y aquí es donde radica uno de nuestros grandes problemas. Nos empeñamos una y otra vez en decir que hacemos Tribal Fusión, pero señorxs, Tribal Fusion es lo que hace la grandísima Rachel Brice y un ejemplo nada convencional de este estilo es precisamente Horus Mozárabe que guarda una simetría y una calidad de movimiento bárbara con ella. Y no me olvido de Jill Parker, pero creo que todxs coincidimos en que su fusión tiene muchos más dejes de classical bellydance que de ATS. Así pues, me parece una osadía decir que hacemos Tribal Fusion precisamente por este motivo. La gran mayoría no tiene bases de ATS y las personas que las tienen acaban de empezar, habiendo llevado muchos más años haciendo un refrito de TF que lo que llevan haciendo ATS.

3- ¿Por qué no nos respetan como disciplina? ¿Por qué no se considera el (Tribal) Fusion Bellydance algo serio?

Pues precisamente por eso, por la disciplina. Aquí vamos a entender disciplina como la cantidad de horas que se emplean practicando algo, en este caso, una danza. La mayoría de personas que conozco, entre las cuales me incluyo, no le dedicamos horas suficientes. El ballet por ejemplo, se caracteriza por su rigidez y por su nivel de exigencia, no todo el mundo puede ser bailarín de ballet…pero parece ser que todo el mundo puede ser bailarín de Tribal Fusión. Claramente esto también ocurre porque el ATS se creó en cierta parte para que pudiera ser bailado por todo tipo de personas sin riesgo de lesión, o al menos con uno muy bajo, pero hemos pasado de plantearlo de esta manera a que sea el coño de la Bernarda donde hasta el estudiante de hace tres meses que no distingue un maya de un taxim, se monta su propio festival -de esto he leído muchas opiniones al respecto por FB, no es cosa mía-.

Antes que lanzarnos a las pistas de baile o a la organización de eventos, tenemos que hacernos bailarinas respetables; para lo cual necesitamos bailar y machacar la técnica durante hoooooooooras y darle prioridad a nuestra práctica ante nuestras ganas de salir a quemar el escenario. Esto es así. Hemos confundido las Haflas con los espectáculos profesionales y hay tal guirigay entre una cosa y la otra que las Haflas se cobran a precio de espectáculo profesional y viceversa. He llegado a pagar entre 15 y 18 euros por ver a alumnas bailar, o lo que es peor, por ver a las marujas del cuarto que se metieron a danza del vientre para pasar el rato “petarlo” en el escenario. Y me duele, no por mi bolsillo, sino por el daño que se le hace a nuestra danza.

La comparación, por obvias razones, se hacía con la danza urbana. Por norma general las danzas urbanas carecen de maestro, son urbanas porque se aprenden en la calle, y unx se hace grande a través de la práctica. Lógicamente esto ha cambiado, pero la filosofía se respeta bastante, así como la forma de trabajo. Creo que nadie aquí es capaz de decir que las Orchidaceae dejan indiferente, su trabajo, su calidad de movimiento, su disciplina y su pasión se notan en cada uno de los números que montan, independientemente de que te gusta más o menos ver a una b-girl en acción. A los hechos me remito. Y ya que estamos rompo una lanza a su favor, pues ellas saben muy bien que no son tribaleras en el sentido estricto de la palabra, ellas hacen urban fusion bellydance.

Así que, para calificarnos de profesionales necesitamos horas que nos avalen, no títulos de papel.

4- Entonces ¿Me saco el título o no me lo saco?

Aquí me gano el infierno por segunda vez. El título deberías poder pasártelo por tus malditas ingles morenas. Así es. El título tiene tres razones de ser:

1- Preservar el vocabulario de tu danza (aka TF o ATS)
2- Formarte de la mejor manera posible para que lo que bailes y lo que enseñes se correspondan con estas bases y no que cada unx haga lo que quiera.
3- Sacarte la pasta -hay que comer, muchachxs-

Realmente el título debería dar igual, debería dar igual tener o no tener ® porque puedes haberte formado con los mejores y estos pueden considerar que hacer una formación para darte un título es totalmente ridículo si no practicas y al estar en contra, no darte ningún tipo de justificante que diga que has estado ahí. Sin embargo, el conocimiento no vas a dejar de tenerlo sobretodo si… ¿Adivinas? practicas como malditx cerdx.

Creo que las formaciones son útiles -aunque también creo que últimamente se han ido de madre pero eso es otro tema-. Son útiles porque te ayudan a afianzar conocimientos, te resuelven dudas, limpian tu técnica, te aportan mucho física y emocionalmente, te ayudan a crear una rutina, te ayudan a crear y refinar tu propia práctica y un largo etcétera. ¡Claro que son útiles! pero no debemos olvidar que son lo que son, formaciones, normalmente intensivas que como tal, tienen sus limitaciones. No vas a aprender en 5 o en 10 o en 48 horas cómo bailar, eso sólo te lo va a dar la práctica. De manera que si vas a tu formación, pongamos de ATS que es la que tiene una titulación más conocida, y empleas todo un finde recibiendo clases, ese título que te dan sólo dice que has estado ahí y que por tanto, lo has pagado, pero al futuro estudiante no le dice si estuviste atendiendo o estuviste de risas con las compas… nuestra mejor baza sigue siendo la práctica.

5- Pero entonces… ¿ATS, TF, Belly fusion, Fusion bellydance…?

¿Acaso todo esto que estamos haciendo es inútil? ¿Nuestra danza no sirve de nada? Noooooooooooo way !! Lo único que pasa es que nuestra disciplina es demasiado joven. Ha nacido hace poco y esta teniendo una adolescencia muy dura con unos cambios hormonales brutales. Es muy pronto para que se afiance como tal, por eso está en constante cambio y lo que hoy servía, mañana no. Incluso el ATS tiene sus mejoras en las señas para que resulte más comprensible y efectivo.

Tan sólo debemos ser pacientes y no desesperar. Ser conscientes de que hemos decidido dedicar gran parte de nuestra vida a algo que se está gestando aún. Es pronto para crear escuelas como tal y es pronto para que se nos respete tanto como a otras disciplinas… Isadora Duncan fue precursora de la danza moderna y a día de hoy todo el mundo sabe a grandes rasgos quién fue, sin embargo se llevó palos y malas críticas como la que más. Nuestra mejor arma es la paciencia y con ella la práctica, con estas dos cosas nos haremos fuertes y las raíces de nuestra danza se arraigarán de tal modo que terminen creando escuela.

CONCLUSIONES:

Ariellah terminó admitiendo que no sabía cómo llamar a nuestra danza pues había evolucionado por unos derroteros que ni ella misma sabía dónde irían a parar. Por este motivo Rachel Brice y Carolena Nericcio han montado sus formaciones, por una necesidad de supervivencia, para poder preservar lo que han ido creando a lo largo de los años y que, cuando ya no estén, no se diluya con ellas. Mientras tanto, Ariellah que ha sido y es parte de todo este sarao del Tribal Fusión, ha admitido que cosas como el ATS no son santo de su devoción y es por ello que se dedica a otras cosas, como a estudiar danzas tradicionales o ballet. Apoya que debemos tener un amplio background de diferentes danzas, pues como bailarinas, deberíamos ser curiosas. Claros ejemplos de esto son de nuevo las Orchidaceae o por ejemplo Meher Malik, que hace una fusión preciosa con Odissi, classical bellydance y fusion bellydance, siempre desde la conciencia y el respeto.

Entonces bailarinas, declaro que yo no hago tribal fusión…si me tengo que decantar por algo será por el dark fusion, como lo denomina Ariellah o nuestra preciosa Idhun, y en cuanto pueda, las humildes clases que imparto, pasarán a llamarse fusion bellydance. De este modo quiero aportar un tonto grano de arena para hacer las cosas más sencillas y ayudar a esta danza que tanto me gusta a crecer. Juntas haremos que el concepto Tribal vuelva a cobrar sentido.

Y esto es más o menos el resumen de lo que se discutió en el Tribal Talk del TribaLX en Lisboa, moderado e impulsado por Piny y del que todos en mayor o menor medida fuimos partícipes. Hell yes !!!!

Tribal Talk TribaLX

Mi -puto- vecino

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Portazo. Portazo. PORTAZO. PORTAZO. ¡¡¡¡BAAAAAAAAAAAAAAAAM!!!!

Y de pronto mi corazón chillando histérico, arañándome las paredes del pecho.

-¡¡ESE HIJO DE PUTA OTRA VEZ!!- me espeta como si yo tuviera la culpa- A VER SI LE DOBLAN LA PUTA DOSIS DE MEDICACIÓN, HOSTIA. ¡¡QUE ME VOY A PARAR DE UN SUSTO Y NOS VAMOS TODOS A LA MIERDA!!

Siempre la misma cantaleta. Diría que le encanta un drama pero joder, en esta ocasión tiene razón. Hemos pasado juntos de todo, que si dramas familiares, situaciones incómodas, desamores… ¿Pero esto? ¡¡Qué cojones!! ¡¡Es el colmo del intrusismo mórfico!! Una que duerme plácidamente, soñando con memeces que luego no va a recordar y de pronto ¡¡BAAAM!! el portazo más sonoro de toda mi existencia rompe con el silencio, la fase REM y la puta madre que los parió a todos. ¿Quién es el responsable? Mis vecinos. ¿Por qué? porque la educación brilla por su ausencia.

El caso es que las paredes son finas y muy reverberantes, todo resuena oiga. He oído desde como se revuelcan mis vecinos en acto pasional, a cómo despliegan todo un grupo de barítonos anales dando un concierto en re menor tras una fabada bien consistente. Hasta ahí todo bien, entra hasta dentro de la normalidad. Pero otro tema muy distinto son las discusiones. A veces tienen cierto morbo, enterarte de las vicisitudes del vecino al que saludas todas las mañanas y que desconoce que tú conoces sus secretos más turbios.

-Hola, buenos días.
Sé que te follas a otro hombre todas las mañanas cuando tu mujer se va al trabajo.
-¿Perdón?
-Que no sé si notas que todas las mañanas toco el contrabajo.

Y alejarte con una sonrisa perversa dibujada en la cara, con pasos que cantan misterio y una nube de humo desdibujándote la silueta en la mañana gélida.

Eso está bien. Lo que no está bien es soportar los feroces gritos de un niño malcriado jugando a la puta Play Station hasta las 2 de la mañana de un miércoles, rallando la histeria más irracional por ganar una partida. No está bien que la madre no le diga nada y que a la mañana siguiente monte el pollo del siglo, con gritos desgarrados, insultos, portazos y hostias incluidas porque su querido y angelical vástago no se levanta para coger la ruta. Claro que no zorra calva, cómo se va a levantar si mientras tú estabas a lo tuyo él se lo estaba gozando con la consola. Pero bueno, son cosas que pueden pasar tampoco vamos a prejuzgar a nadie. Al día siguiente se filtran por las paredes unos alaridos que suplican clemencia.

-No mamá noooooooo, no me quiero tomar esa medicación porque me deja tonto. No entiendo por qué nadie quiere estar conmigo. SI LE PEGUÉ ES PORQUE ES UN GILIPOLLAS Y TÚ OTRA, GORDAAAAAA.

Entonces el asunto se empieza a clarificar, deducimos mi pobre corazón magullado y yo, que el vástago de Satán que vive debajo tiene algún tipo de trastorno. Vale, tengamos compasión, es un pobre diablo.

Viernes a las 7:00
Portazo. Portazo. PORTAZO. PORTAZO. ¡¡¡¡BAAAAAAAAAAAAAAAAM!!!!

-Me cago en su puta vida ¡¡ME CAGO EN SU PUTA VIDA!! ¿¡ME OYES!?
-Recibido.
-Que paren. ¡¡HAZ QUE PAREN O ME PARO YO!!

Y comienza la disputa, que si eres un vago…que si tú no me mandas gorda de mierda, prepárate para ir al colegio o te vas a enterar, para me haces daño, PARA ME HACES DAÑO, y más que te voy a hacer si no me obedeces, eres una gilipollas te voy a denunciar. Vístete y vete al colegio de una vez. Gorda de mierda voy a decírselo a papá. Ni se te ocurra llamar a tu padre, vístete y lárgate. Ya he perdido la ruta no puedo ir. Oh sí, sí que vas a ir ¡¡ZAS!! AAAAaAAAaaaaAAHHH!! ME HACES DAÑO, PARAAAA ME HACES DAÑOOOOOOO. Y así durante unos cuarenta minutos. La disputa se queda sin resolver, el puto malcriado de los huevos se va con sueño y el culo caliente. El llanto de su madre se oía alto y claro retumbando por toda la casa.

De esto no puedo juzgar, no sé si le han criado mal, si le han consentido cuando no debían -que por discusiones en años anteriores abogo bastante por esta opción-, si el niño tiene algún tipo de trauma, trastorno bipolar, esquizofrenia… enfermedades con las que más vale no jugar. En cualquiera de los casos me asombra y me apabulla no sólo la cantidad de improperios que se intercambian, sino la falta de respeto que se tienen el uno al otro y la falta de respeto que tienen con todo el vencindario, porque sí, aunque cueste creerlo no todo el mundo se levanta a esas horas. Hay gente que duerme o gente que estudia o trabaja en casa. Y a cuento de qué tengo yo que soportar que, a consecuencia de los actos mal llevados de una pobre mujer, un niñato de los cojones venga a gritar lo que le dé la gana. Sí, es tu hijo; sí, te merma la juventud; sí, es triste y desesperante y lamento mucho que llores después de las discusiones pero… de parte de mi corazón:

-NO HABER PARIDO ZORRA, LLAMA A SERVICIOS SOCIALES.

Domingo a las 8 de la mañana.

Portazo. Portazo. PORTAZO. PORTAZO. ¡¡¡¡BAAAAAAAAAAAAAAAAM!!!!

-Saca el bazooka que esto lo apaño yo en un momento.

¿Por qué nos sentimos TAN desgraciados?

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Es curioso. Últimamente lo que más predicamos es la desolación. Un sentimiento que no se pronuncia, se queda ahí, a calladitas, y apenas se intuye en la mirada. Es una erosión del alma, triste y ruin.

Es la consecuencia de las promesas rotas: 

-Si estudias una carrera tendrás un buen trabajo.
-Si luchas con todas tus ganas, conseguirás todo aquello que te propongas. 
-Si lo deseas con todas tus fuerzas se hará realidad. 
-Cada uno tiene lo que se merece, ya te lo devolverá la vida con creces. 
-Es sólo una mala racha. 
-El tiempo lo cura todo. 

Y en fin, tantas más. 

De pronto te despiertas un día a medianoche y comprendes que esa parcela de tu vida, hasta entonces disfrazada, no es lo que aparentaba ser. Con una sinfonía de tick-tacks de fondo se desnuda ante ti, se despoja de su traje de gala y te muestra su cuerpo lleno de tumoraciones. De pronto la desgracia es tangible.

Y es que nos malcrían para que seamos capaces de soñar pero no nos dicen que no siempre lo que soñamos se hace realidad. Eso es algo que descubrimos con el tiempo. Y duele. Si ahora estamos tan rotos por dentro es porque tras mucho esfuerzo, tras rompernos el culo por aquello que nos aseguraron que saldría bien, nos encontramos con un matón tamaño armario de ceño fruncido ante nuestras hirsutas narices alzando los puños y clamando pelea. “¡¡Pero si a mí me dijeron que si estudiaba una carrera tendría un buen trabajo!! ¿Por qué coño estoy titulada y trabajo de teleoperadora en una subcontrata de mierda que me maltrata cada día y que mina mi puta paciencia?” La eterna pregunta.

¡Ay! Ese darse cuenta de golpe y porrazo de que todo eran mentiras con un bañito de 2 kilates de verdad. Que el futuro que tenemos ante nosotros no vale ni para tomar por culo, que hay que dejarse la piel en cada intento para salir del hoyo y que a veces, ni con esas, vas a salir indemne. Desollado hasta la extenuación con cicatrices que parecen bajorrelieves egipcios, narrando mierda antagónica que ya a nadie parece importarle.

Es triste ver personas que valen la pena, que sabes luchadoras, caer ante la desgracia de esta sociedad podrida que no tiembla ante la decadencia inenarrable. A veces pienso que yo misma valgo mucho más que este estercolero pretencioso, que si me dejaran, sería capaz de tantas cosas que los jodidos trovadores del futuro cantarían mis hazañas. Pero entonces despierto a medianoche, con el tick tack obsceno de un reloj a pilas chillándome al oído que “mi ahora” es este, el de la subcontrata, el de leer a escondidas, el de vomitar un blog a las tantas de la noche tratando de poner en orden unos pensamientos que de otra manera se perderían en la inmensidad de mis preocupaciones.

Y por eso estamos tan tristes, por eso nos sentimos tan desgraciados… porque un día despertamos con el corazón galopando en el pecho y del ajetreo se nos cayó la venda de los ojos. Comprendimos que los consejos de papá y mamá eran patrañas veladas, que nos han vaciado por dentro con un maldito funderelele. Nos han arrebatado lo que durante tantos años nos hemos dedicado a mimar, nos lo han arrancado y no nos lo quieren devolver. Y nos dejan este condenado vacío que ya no se soporta.  En fin, que a nuestros sueños hay que llevarlos al tanatropractor.

Porque Segismundo a ratos tenía razón y a ratos no, y los sueños no sólo sueños son. Son el alimento de la esperanza y por ellos hay que luchar, es lo único que nos queda.

Julianna Horvath - Broken Dreams

Julianna Horvath – Broken Dreams

                                 Por ello, ¡Luchad, malditos!